En un giro devastador de los acontecimientos, Santo Domingo se encuentra sumergido en aguas de inundación, destacando un patrón descorazonador de inacción gubernamental y la incapacidad de aprender de errores pasados. Mientras la ciudad lidia con las secuelas de otra inundación, la pregunta apremiante persiste: ¿Cuántas vidas deben perderse antes de que los políticos prioricen la acción efectiva sobre la complacencia?

Una Tragedia Repetida:

La recurrencia de inundaciones en Santo Domingo no es simplemente una coincidencia desafortunada, sino el resultado de factores naturales y negligencia humana. La vulnerabilidad de la ciudad a las inundaciones se ha exacerbado debido a una planificación urbana deficiente, infraestructura inadecuada y una falta de estrategias efectivas de gestión de desastres.

La tragedia alcanzó su punto más sombrío con un número oficial de más de 20 personas fallecidas. La falta de acción gubernamental y medidas preventivas ha contribuido a la magnitud de la crisis, dejando a la comunidad en un estado de luto y desesperación.

La Realidad de Nuestra Sociedad:

La falta de mantenimiento adecuado de nuestras comunidades es evidente, mientras que los esfuerzos para llenar los bolsillos de nuestros líderes políticos son abundantes. La ciudadanía merece una administración que invierta en la seguridad y el bienestar de las personas en lugar de priorizar intereses personales.

El Sufrimiento de la Imagen Dominicana:

El público dominicano sufre no solo las consecuencias físicas de las inundaciones, sino también el impacto en la imagen del país. La mala gestión por parte de nuestro gobierno contribuye a la percepción de que las necesidades básicas y la seguridad de la población no son prioridades fundamentales.

La Tragedia se Extiende:

Lamentablemente, la tragedia no se limita a Santo Domingo. En diferentes comunidades, el número de víctimas sigue aumentando, y las consecuencias de la inacción gubernamental se reflejan en la pérdida de vidas y propiedades.

Conclusion:

La inundación de Santo Domingo es un recordatorio contundente de que las consecuencias de la inacción política no son abstractas; se miden en el sufrimiento humano y la pérdida. Los ciudadanos merecen líderes que prioricen su seguridad sobre la conveniencia política. Mientras Santo Domingo y otras comunidades lidian con las secuelas de otra tragedia, la necesidad urgente de un cambio transformador no puede ser subestimada. ¿Cuántas tragedias más deben desplegarse antes de que se aprendan las lecciones y se tomen medidas proactivas para proteger a la ciudad y a sus residentes?

By Michael Reyes

Amante de la República Dominicana, y cree en solo compartir los hechos y nada más que los hechos. Vive en NY, viaja a Miami, Los Ángeles y Santo Domingo con regularidad.